El parque Navarro cumplió un año de su transformación

El parque José Navarro, mejor conocido como “parque de las tripas” es un espacio de recreación e integración familiar donde, además de poder disfrutar de la gran infraestructura del lugar se puede degustar de nuestras tradicionales delicias culinarias. El pasado 23 de septiembre se cumplió un año de su rehabilitación y hoy toda la comunidad disfruta de este renovado espacio.

La rehabilitación incluyó la creación de nuevas aceras, rampas para facilitar la movilidad de las personas con discapacidad, siembra de árboles, instalación de juegos en el área infantil, instalación de semáforos, señalización vial, entre otras. La inversión en el Parque y las zonas aledañas fue de 700.000 dólares. En la noche de este 26 de septiembre autoridades municipales realizarán un recorrido por el sector.

Victoria Sanafria, una de las comerciantes del parque comentó que luego de que Municipio recuperó el parque, ahora trabaja de forma más cómoda, limpia y segura en el desde las 15h00 hasta las 23h00.

¡Un poco de historia!                 

A inicios de la década de los 80 dos mujeres tuvieron la iniciativa de comenzar a vender comida dentro del parque, su plato especial eran los intestinos de res asados, más conocidos como tripa mishqui. Poco a poco se dieron a conocer y cada vez más visitantes acudían al lugar para probar su comida.

A ellas se fueron sumando varios comerciantes que ofrecían distintos platos tradicionales de la sierra ecuatoriana como: guatita, librillo, empanadas, morocho, fritada, entre otros. Así, el parque José Navarro comenzó a hacerse reconocido por sus platos típicos y cada vez eran más las personas que lo visitaban.

Actualmente el parque sigue atrayendo diariamente a cientos de personas, entre turistas, vecinos del sector y moradores de distintos sectores de Quito, quienes buscan compartir con amigos o familia en este espacio renovado, que cuenta con juegos infantiles, áreas verdes, zonas para hacer ejercicios y 16 puestos de comida típica.

A partir de las 15:00 el lugar empieza a llenarse de vida. Los comerciantes comienzan a llegar y a encender las hornillas y las parrillas. El aroma de los distintos platos se va expandiendo y cada vez son más los visitantes que van llegando para entretenerse con los atractivos del espacio.

Mariuxi y Jonathan Maisincho, dos jóvenes que juegan en los columpios junto a su primito de dos años Maikel. A pocos pasos de ellos tuvimos el agrado de conocer a Darío del Salto quien acompañaba a Andrea Rodríguez, a su hija de 11 años Valeria y a su sobrino Nicolás, mientras jugaban, saltaban y hacían piruetas en el área de gimnasia.

Varios turistas nacionales y extranjeros visitan el parque Navarro. Luis Morán y Gabriela de Amato, dos jóvenes venezolanos; Ana Quinatoa y su esposo Jorge Tipán venían de Cayambe para saborear las delicias de nuestra comida. Sebastián de Alemania quien degusta de una rica fritada, contó que estaba por primera en el país y que le había gustado mucho el parque.

Las horas pasan y cada vez más gente llega al lugar. Familias, grupos de amigos, novios y compañeros de trabajo reían, conversaban, comían y disfrutaban en este significativo parque. La hora no importaba ya que la excelente iluminación del espacio, la gran afluencia de la gente y el trato amigable de los comerciantes creaba una atmósfera de comodidad y seguridad.

Luego de un año de su rehabilitación, el parque Navarro se convierte en un modelo exitoso y a través de la participación ciudadana se genera emprendimiento, dinamización de la economía, rescate y apropiación del espacio público.

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