La cometa, una vecina centenaria de Quito

Cada verano es propicio para retroceder el tiempo en Quito, para recordar la infancia entre las quebrabas y matorrales generosos en sigses secos, para esquivando las cuchillas filosas de sus ramas tratando de conseguir las varillas que son el alma de un juguete centenario, la cometa.

Las cometas quiteñas son, y han sido, una estructura ensamblada en forma de rombo alargado, o de un hexágono formado por los sigses, atados unos con otros con piola, y cubierto de un papel delgadito –que de tanto utilizarlo para esos fines era pedido en las papelerías como “papel cometa”-. Atada al medio de la cometa, la piola se convierte en el timón que le permite surcar el cielo.

Para un vuelo que se precie, la cometa necesita una cola o rabo elaborado de una tira de tela atada varios trapos en forma de laso. La cola, cumple con darle estabilidad a la cometa tradicional, aunque las modernas, debido a otros métodos con los que vienen fabricadas, ya no la necesitan.
Otrora, los accesorios se pagaban en sucres: el papel, el pegamento y la piola; el sigse y la cola eran gratis, y por supuesto, lo invaluable era el ingenio de los nuevos físicos que a través de figuras geométricas permitían emprender el vuelo por los vientos casi huracanados de la capital.

Con el fin de poner en valor a este juguete modelo de lo aerodinámico, y a la sana costumbre de levantarlo al vuelo, la Unidad Patronato Municipal San José convoca al Primer concurso de elaboración cometas ‘Volando sueños en el cielo quiteño, dirigido a los adultos mayores del programa ‘60 y Piquito’. Este encuentro que se realizará el 21 y 22 de agosto de 2019, en el Parque Bicentenario y en el Panecillo, respectivamente, busca reactivar nuestras tradiciones y transmitir juegos tradicionales para disfrute de las nuevas generaciones.

La historia
La historia de las cometas la inició la cultura china, hace de más de 2.500 años cuando su uso era lúdico o religioso. En Europa, la historia continua con los llamados Dracos, o catavientos en forma de dragón, empleados como estandartes en los últimos días del Imperio Romano. También ha servido para experimentar, tal cual lo testifica Benjamín Franklin quien en un tormentoso día de junio de 1752, utilizó una cometa para sus ensayos con electricidad, el conocido pararrayos.

Sin duda alguna la cometa, como un gran invento, pervive en Quito mediante la unión de sigses secos, papel cometa, goma y piola, elementos que permiten regresar en el tiempo a esa ciudad antigua donde el cielo de esplendorosos veranos se pintaba de azul mientras los arabescos del vuelo de las cometas arrancar sonrisas y asombros.

No obstante las actuales se fabrican más sofisticadas, volar una cometa siempre partirá de un acuerdo familiar alimentado por la enorme satisfacción de verla subir hasta las nubes, suspendida en el aire muy a lo lejos.

Los sitios
Por su ubicación el Panecillo se ofrece como el lugar preferido de los quiteños para volar cometas, aunque a lo largo de la ciudad existen otros miradores naturales o explanadas como: Cotocollao, Cruz Loma, Solanda, El Calzado, los parques Itchimbía, Miraflores y La Carolina, entre otros, donde el viento juega con este objeto familiar, que une a padres, hijos, tíos, nietos y abuelos.

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