El último remanente de bosque nativo en Cumbayá

Pasar por el parque de Los Algarrobos puede ser algo que la gran mayoría de las personas, que vivimos en el Valle de Tumbaco, lo hemos hecho. Es muy fácil pasarlo inadvertido, y es que está justo en una curva por donde se cruza ‘volando’ hacia Tumbaco. Si es que se viene desde el centro de Cumbayá, claro; y los árboles de algarrobos, aunque suene a redundancia, tapan la preciosa entrada de madera.

Lo que pocos han hecho, eso se puede notar por la baja cantidad de visita entre semana, es darse el gusto de parar a visitarlo.

Y quien se dio ese tremendo gusto, fue el alcalde, Dr. Jorge Yunda Machado, acompañado de Ximena Villafuerte, Secretaria General de Coordinación de Territorio y Gestión, Laura Coello, Administradora Zonal de Tumbaco y varios funcionarios municipales para conocerlo y planificar futuras obras.

El parque de Los Algarrobos pertenece a la red de parques metropolitanos, es el último remanente de bosque nativo de Cumbayá con una extensión de 4.38 hectáreas en donde predomina la especie que da el nombre a este lugar. Además, tiene una gran variedad de aves, plantas trepadoras y arbustos que brindan sombra y frescura al visitante y a los bellos senderos que cruzan por el parque.

El sendero principal, lleva al visitante hasta una playa natural a orillas del Río San Pedro, que nace pura en los deshielos de los Illinizas, atraviesa el Valle de Los Chillos y se une al Río Pita y Río Chiche que después forman el Río Guayllabamba para, más adelante, formar el Río Esmeraldas que desemboca en el océano Pacífico.

No es difícil imaginarse la belleza pasada del lugar, con el mismo escenario, pero con el agua limpia y la presencia de peces, algo que solo pasa por la mente de quien la visita por el alto nivel de contaminación de las aguas del río. El alcalde Jorge Yunda no pudo evitar comprometerse en la lucha por devolver a este lugar la otrora belleza de las aguas sin contaminación.

Una anécdota simpática, es que, en esas arenas, cuentan los más antiguos, iban a parar los balones de fútbol, enviados por pies con mucha potencia, pero poca puntería, de los jugadores del equipo de El Nacional, vecino del lugar.

Ya de vuelta, el parque tiene un monumento vivo, los padres de Salomé Reyes, ex ciclista de élite, se encargan de cuidar este árbol en conmemoración de su hija, víctima de un accidente de tránsito mientras conducía su bicicleta a pocos metros del lugar. Un precioso espacio, que una vez al año, recibe a los familiares y amigos de Salomé para recordarla. Un lugar que nos invita a la reflexión.

La visita, casualmente termina donde empieza, las bellas mesas y sillas de madera colocadas al ingreso invitan a permanecer en el lugar divisando el pequeño encañonado que sirve como límite entre las parroquias de Cumbayá y Tumbaco.

Es una visita, relativamente corta para el visitante, pero grata y contemos desde ya, con el compromiso del alcalde de Quito para devolver a este lugar el brillo y la belleza que brinda la naturaleza en su máximo esplendor.

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