Ana: “ser madre me transformó la vida, ahora trabajo con más amor”

“Es curioso que aún me digan señorita, aunque la edad se nota y lleves un bebé en brazos”, relata Ana Rosero, funcionaria de la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas, Epmmop.

Se escucha de sabios que a una mujer nunca se le debe decir que no puede hacer algo porque si así lo decide, es “capaz de bailar con dos corazones y parir la vida a gritos”.

Esta historia de amor inicia desde el momento en que te anuncian la buena nueva: el mundo de pronto cambia y todo se transforma. Existe alegría, miedo, emoción, malestar y un sinfín de sentimientos que marcan cada nuevo inicio, porque todo es nuevo así sea tu primer, segundo o milésimo bebé.

Ana, a sus 32 años, trabaja en la Gerencia de Parques y Espacios Verdes de la Epmmop. Es madre primeriza de María Paula de 1 mes.

Con orgullo sus ojos se llenan de brillo cuando recuerda la primera vez que tuvo a su niña en brazos y se miraron detenidamente, “en ese momento el mundo dejó de girar por un instante”, comenta.

Mientras mira al futuro y a su niña, con entereza dice que aún le faltan muchos sueños por construir. “Convertirme en madre me ayudó a ver la vida con ojos nuevos y a exigirme cada día a luchar por ser el mejor ejemplo que mi hija pueda tener”, manifiesta Ana.

Como profesional, Ana es la responsable de construir otras historias de amor, que paradójicamente se conectan. El programa Quito Adopta fue su primer bebé, y ahí se ha esmerado por buscar padrinos para los espacios verdes de Quito.

Seleccionar los padrinos es de por si un trabajo duro porque aceptar esa responsabilidad significa trabajar 24/7, generar conexiones y alianzas con empresas privadas. Sin embargo, hoy sin dubitaciones en su voz asevera que “la maternidad es más compleja que la vida profesional. Para una profesión existe la preparación académica adecuada, mientras que para la maternidad no hay cursos. Existe solo el esfuerzo diario de hacer lo mejor por nuestros hijos.”

Con calidez y paz añora cada sonrisa de su pequeña y los momentos que comparte en familia porque en equipo hasta el berrinche más fuerte es llevadero.

Con amor en los ojos nos habla de su esposo que, aunque a veces le ofrecía cubiertos de plástico porque misteriosamente los de la vajilla desaparecían en el lavadero, se ocupa de las cosas de la casa y atiende a su nena lo que enchina su corazón y le saca suspiros.

Entre risas y cansancio nos cuenta que otra cosa que también es dura son las malas noches del principio, pero sabe que debe entregar el 100% en cada una de sus facetas como mujer, y siempre habrá cómo disimular las ojeras.

Ana y María Paula envían un mensaje de felicitación a las mamitas en su día. Recuerden que: “ser madres es un honor y el mayor reto de nuestras vidas. Hagámoslo con orgullo y entrega, sabiendo que luchamos, en todos los campos, por ser nuestra mejor versión para nuestros hijos y para la sociedad a la que ellos se integrarán en el futuro.”

 

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