La reforma al COOTAD y la pregunta urgente: ¿quién sostendrá a María y miles de historias más con apoyo psicológico gratuito?
Quito, (Quito Informa). – En Quito, cuando una persona siente que ya no puede más, cuando el miedo, la tristeza o la ansiedad desbordan, existe una puerta que se abre y una voz que responde. Esa puerta la abrió el Municipio de Quito al decidir que la salud mental debía ser una prioridad real, al entender que detrás de cada crisis hay una historia que merece ser escuchada.
Con la administración del alcalde Pabel Muñoz, la ciudad dio un paso histórico al incorporar psicólogos y psicólogas en la atención de emergencias a través del ECU 911 y al crear el servicio de Teleconsulta psicológica. Desde entonces, miles de llamadas han recibido apoyo inmediato, brindando contención profesional a personas y familias en medio de una crisis en los servicios públicos de salud mental a escala nacional.
Entre 2023 y 2025, el Municipio de Quito ha invertido más de USD 7,4 millones en esta política pública. Solo en el 2025 se registraron 43.475, atenciones tanto presenciales como telemáticas.
Pero más allá de las cifras están las historias coma la de María, una madre que vio cómo su hija, antes alegre y brillante, comenzó a apagarse en silencio. La irritabilidad, el llanto sin explicación, el encierro en su habitación y dibujos cargados de desesperanza fueron señales que la llenaron de miedo. Buscó ayuda hasta encontrar, en los servicios municipales de salud mental en La Ronda, un espacio donde su hija pudo sentirse comprendida, acompañada y valorada. Allí empezó un proceso que le devolvió poco a poco la esperanza. Hoy siguen caminando juntas, con apoyo profesional y con la certeza de que pedir ayuda fue el acto más valiente.
Sin embargo, todo este esfuerzo enfrenta hoy una amenaza real. Con la aprobación de la reforma al COOTAD, estos servicios podrían debilitarse o desaparecer. Y entonces la pregunta deja de ser técnica y se vuelve profundamente humana: ¿qué pasará con historias como la de María y su hija? ¿Quién escuchará a la próxima Fernanda que no sabe que necesita ayuda hasta que alguien la invita a hablar? ¿Cuántas llamadas quedarán sin respuesta?
Como dice el alcalde Pabel Muñoz, la salud mental no es un lujo ni un gasto prescindible. Es la diferencia entre la desesperanza y la posibilidad de reconstruir la vida. Es una madre que duerme más tranquila porque su hija está en tratamiento. Es una mujer que aprende a decir “no” y a priorizarse. Es una ciudad que decide no abandonar a quienes atraviesan momentos de ansiedad.
Quito ha demostrado que es posible construir un sistema público de salud mental cercano y gratuito. Perderlo significaría dejar a miles de personas sin ese puente que hoy las sostiene. Y en salud mental, cada puente cuenta, porque al otro lado siempre hay una vida que quiere seguir adelante.

