El arrastre de caudas: una tradición centenaria que sobrevive únicamente en Quito
Quito (Quito Informa). – Entre las celebraciones de la Semana Santa destaca una que por su importancia se ha vuelto imprescindible para la ciudad: el arrastre de caudas. Quito es el único lugar en el mundo que se niega a dejar morir este ritual, que ya forma parte de su patrimonio histórico y religioso.
Pero este acto no es solamente una puesta en escena fúnebre que simboliza los pecados de la humanidad y el recuerdo de la muerte y cruxifición de Jesús. Es un espacio para la reflexión. En su sermón, el arzobispo de Quito, monseñor Alfredo Espinosa, recordó la importancia del amor y el perdón a pesar de los momentos difíciles que vive el país por el aumento de la violencia. Mencionó al padre Maximiliano Estupiñán, cuyo asesinato investiga la Fiscalía General del Estado.
En el acto estuvieron presentes autoridades de la ciudad como la vicealcaldesa Fernanda Racines, los concejales Bernardo Abad, Diego Garrido y Michael Aulestia, además de misiones diplomáticas y representantes del Ejecutivo y la Asamblea Nacional.
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¿Qué es el arrastre de caudas?
Esta ceremonia fúnebre busca conmemorar el triunfo de Jesús sobre la muerte. Ocho canónigos se colocan largas capas negras con una cauda (cola) larga detrás y caminan alrededor de la Catedral de Quito acompañados de 3 seminaristas, dos de ellos con cirios en las manos y un tercero que vigila que la cauda no se doble. El arzobispo va detrás con una reliquia llamada lignum crucis que contiene dos astillas de la cruz en la que murió Cristo.
Una vez que llegan al altar, se ponen de rodillas y el arzobispo ondea una bandera negra con una cruz blanca para simbolizar el cuerpo de Jesús, después la pasa por los canónigos y los fieles limpiando sus pecados. Tras una bendición, la ceremonia termina.
Este acto tiene como origen un ritual romano en el que el soldado sobreviviente rendía sus respetos a los compañeros caídos en batalla para honrar su sacrificio y valentía.
