Entre aromas, madera y espumilla: los oficios que resisten en Quito
Quito, (Quito Informa). – Caminar por el Centro Histórico o adentrarse en los mercados de Quito es encontrarse con oficios que pese al paso del tiempo aún se mantienen. Son parte de la vida diaria y de la economía de cientos de familias que han heredado saberes moldeados en barrios, plazas y pasillos.
Entre mesas de madera, piedras de moler, hierbas colgadas y herramientas que han servido a varias generaciones, estos oficios muestran otra forma de entender Quito. Cada vendedor, curandera, tinturero o carpintero sostiene una tradición que alimenta, cura, acompaña y conecta a la ciudad con su propia historia. Aquí, la memoria no se exhibe: trabaja, conversa y se gana el día.
Las hierbateras: la medicina que nace de la tierra
En mercados como San Francisco, Santa Clara o San Roque, las hierbateras ordenan con paciencia ramos de plantas medicinales. Manzanilla, ruda, cedrón, toronjil, valeriana o marco conviven en mesas llenas de color y olor. Ellas escuchan, recomiendan y preparan limpias, infusiones o baños, heredando conocimientos ancestrales que mezclan saber indígena y tradición popular. Visitar a una hierbatera es encontrarse con una forma distinta de entender la salud, ligada a la naturaleza y a la palabra.
El ponchero: una bebida tradicional de Quito
El ponche quiteño, elaborado a base de malta, huevo, azúcar y vainilla, es una bebida tradicional que se vende principalmente en el Centro Histórico. Su consumo está asociado a recorridos urbanos y a la memoria popular de la ciudad, formando parte de los sabores que identifican a Quito.
Sombrerería: cubrir la cabeza, preservar el oficio
La sombrerería es un arte que combina técnica, paciencia y buen ojo. En pequeños talleres del Centro se crean, reparan y renuevan sombreros de paja toquilla o fieltro. Cada pieza requiere moldeado, planchado y acabado a mano. El sombrero no es solo un accesorio: es parte del carácter de la ciudad y de su relación con el sol, la elegancia y la tradición.
Papitas de balde: el sabor popular de la calle
El humo del carbón anuncia la presencia de las papitas de balde. Papas fritas, doradas al momento, acompañadas de salchicha, se hacen en un balde metálico que conserva el calor. Este oficio callejero es símbolo de la comida rápida quiteña, económica y compartida, que reúne a estudiantes, trabajadores y curiosos alrededor de un sabor sencillo y querido.
Ebanistería: la madera como herencia
La ebanistería es uno de los oficios más silenciosos y pacientes. En talleres escondidos, los ebanistas diseñan, fabrican y restauran muebles finos de madera. Cada veta cuenta una historia, y cada mueble conserva técnicas aprendidas con años de práctica. Es un oficio que dialoga con la arquitectura patrimonial y que mantiene vivo el valor de lo hecho a mano.
Espumilla: dulzura que flota en el aire
En plazas y esquinas, la espumilla aporta color y dulzura. Elaborada con claras de huevo, azúcar y pulpa de fruta, este postre ligero se bate hasta alcanzar una textura casi aérea. Servida en vasitos o acompañando frutas, la espumilla es parte inseparable del paisaje urbano y de la memoria gustativa de Quito.
Ajuares religiosos: fe bordada a mano
Detrás de las imágenes religiosas que recorren iglesias y procesiones, existen manos expertas dedicadas al corte, confección y bordado de ajuares. Este oficio combina costura, ornamentación y simbolismo religioso. Cada prenda es única y responde a una tradición de fe profundamente arraigada en la ciudad.
Restauradores de imágenes: sanar lo sagrado
Muy cerca de los templos, los restauradores de imágenes trabajan con precisión casi quirúrgica. Reparan esculturas, corrigen daños del tiempo y realizan encarnes de piel para cubrir grietas o cicatrices. Su labor permite que las imágenes continúen siendo parte de la vida espiritual y cultural de Quito.
Betuneros: brillo en las esquinas
En plazas y portales, el betunero ofrece un servicio humilde pero esencial: limpiar, betunar y pulir el calzado. Con cepillos, betún y trapos, devuelve brillo a los zapatos mientras conversa con el cliente. Es un oficio urbano que habla de confianza, cercanía y supervivencia diaria.
Heladero de paila: tradición que se enfría con paciencia
El helado de paila es quizá uno de los oficios más emblemáticos. En una paila de bronce sobre hielo y sal, el heladero bate la fruta hasta convertirla en un helado artesanal, sin máquinas ni prisas. El sonido del raspado y el sabor natural hacen de este oficio un espectáculo y un ritual que encanta a grandes y chicos.
Estos oficios son una expresión concreta de su diversidad cultural, reconociendo a quienes los ejercen como portadores de memoria y conocimiento.
A través de programas culturales, ferias, procesos de capacitación y espacios de difusión, como los impulsados desde áreas de patrimonio, cultura y comunicación municipal, se busca fortalecer estos oficios, generar relevo generacional y fomentar el consumo local. El trabajo articulado con mercados, barrios y el Centro Histórico permite que estas prácticas sigan presentes en la vida cotidiana de la ciudad.
Visitar el Centro Histórico o los mercados tradicionales es, así, una forma de apoyar directamente estas políticas de preservación cultural. Cada ponche compartido, cada consulta a una hierbatera o cada helado de paila es también un acto de reconocimiento a quienes mantienen encendida la identidad quiteña, con el respaldo de una ciudad que apuesta por cuidar y proyectar su patrimonio vivo.





