464 árboles patrimoniales reciben protección en la ciudad

Quito, (Quito Informa). – En Quito hay árboles que no solo dan sombra: cuentan historias. Son 464 ejemplares declarados patrimoniales en el Distrito, pertenecientes a 39 especies entre árboles, palmeras y helechos arborescentes. No están ahí por casualidad. Han sido reconocidos por su valor ecológico, histórico y simbólico; por su tamaño, su edad o por formar parte de la memoria de un barrio.

Cuidarlos es cuidar la identidad de la ciudad. Por eso, el Municipio impulsa su protección y actualización permanente del inventario, para asegurar que estos gigantes verdes sigan siendo parte del paisaje y de la vida cotidiana de Quito.

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Para que un árbol sea declarado patrimonial debe cumplir criterios técnicos rigurosos:

Puede ser nativo o endémico, raro en su zona, pertenecer a una especie amenazada o tener una edad y porte excepcionales. También puede estar ligado a la historia de un sector, cumplir un papel fundamental en el ecosistema, albergar fauna o flora importante, o aportar beneficios como sombra y regulación de la temperatura en medio del crecimiento urbano.

En los bosques naturales del Distrito, estos ejemplares cumplen además una función vital: almacenan grandes cantidades de carbono y ayudan a la regeneración natural. Son verdaderos aliados frente al cambio climático.

Uno de estos casos se encuentra en el redondel de la avenida González Suárez y Manuel Barreto, donde se levanta un sauce criollo (Salix humboldtiana). Tras las intensas lluvias, el árbol presentó un vuelco parcial por la saturación del suelo. La evaluación técnica determinó que mantiene buena vitalidad, por lo que se instalaron soportes estructurales especiales para estabilizarlo y evitar riesgos.

La intervención se realizó de forma coordinada con la Empresa Pública Metropolitana de Movilidad y Obras Públicas (EPMMOP), priorizando la seguridad de quienes transitan por la zona y la conservación del ejemplar.

Proteger estos árboles es una decisión de ciudad. Porque cada árbol patrimonial conserva parte de la memoria ambiental de Quito y, al mismo tiempo, mejora la calidad del aire, reduce el calor y hace más amable el espacio público. Son raíces que sostienen el presente y sombra que cuida el futuro.