Entre el páramo y la cordillera: así es la jornada de quienes miden la lluvia y las fuentes de agua en Quito
Quito (Quito Informa). – A las 6 de la mañana, mientras Quito se prepara para un nuevo día de actividades, tres técnicos de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS-Agua de Quito) empiezan su camino rumbo a uno de los territorios más hermosos y fundamentales de la ciudad, uno que protege y da vida a las fuentes de agua.
Camino hacia el páramo
La camioneta sale de las oficinas de la Granja, en la avenida Mariana de Jesús, rumbo al sureste. El destino final está a 50 kilómetros de la capital en el área de conservación hídrica Antisana, ubicada en la Cordillera Oriental de los Andes, entre las provincias de Pichincha y Napo y a casi 3.920 metros sobre el nivel del mar (msnm).
Es necesario hacer una parada técnica en Pintag para comprar las provisiones: agua, comida para dos días de trabajo en una zona donde el frío es intenso. Hugo Caicedo, Paúl Murillo y Héctor Changoluisa son vitales para el funcionamiento correcto de cada estación hidrometeorológica de la ciudad. Aunque su trabajo no sale los titulares, permite que Quito pueda anticipar lluvias intensas, planificar la gestión del agua, entender el clima y tomar decisiones ante un evento extremo.
Al llegar al campamento La Mica empieza el verdadero ascenso. La primera misión es llegar a la estación Ramón Huañuna, una hora en camioneta, después, 2 a pie. El paisaje del páramo es testigo de la travesía. Ese día, la lluvia dio tregua. La camioneta avanza por un sendero estrecho y pasa el puente sobre el río Diguchi. De ahí, la caminata. Bajadas empinadas, subidas largas y un aire frío que obliga a respirar despacio. Los técnicos avanzan sin pausa, cruzan el río a pie y finalmente llegan a la primera estación.
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Del páramo al papel
La función de la estación Ramón Huañuna es esencial. Por medio de un registro manual, se mide cuánta lluvia cae y alimenta las fuentes de agua de la ciudad. Entre febrero y marzo de 2026, la estación registró 104.3 milímetros de lluvia acumulada. Paúl Murillo limpia, calibra y verifica cada instrumento para que los datos sean precisos.
Después se dirigen a la estación pluviométrica Limboasi. Una central que permite la transmisión de datos en tiempo real. “Debe estar en 13 voltios”, dice Paúl, mientras observa el equipo y anota. En esta estación se registraron 104.5 milímetros de lluvia acumulada en dos meses. Desde ese punto, los datos viajan hasta la repetidora Chicopallana, ubicada en la montaña conocida como Loma Gorda y finalmente a las oficinas de EPMAPS.
En el río Diguchi se mide el caudal con ayuda del molinete, un aparato con una pequeña hélice que gira con la corriente. El número de vueltas permite calcular la velocidad del agua y, junto con la altura del río, evaluar el caudal que ese día estaba en 11 centímetros de altura. Ya anocheció cuando el equipo regresa a La Mica, donde encienden la chimenea y preparan agua de sunfo (hierba de la montaña).
El segundo día empieza con una neblina espesa, llovizna persistente y el frío típico del páramo. Los técnicos se dirigen a la estación pluviométrica San Simón, en las faldas del Antisana. La caminata dura hora y media, pero en una subida de 4.500 msnm.
En San Simón se registraron 101 milímetros de lluvia acumulada, luego de dejar todo a punto, el trabajo continúa en los ríos cercanos I, J y H. Para Hugo, Paúl y Héctor subir estas montañas forma parte de su rutina de trabajo. Conocen cada sendero, cada estación y cada río que deben medir. Sin embargo, detrás de esa aparente rutina hay preparación, resistencia física y un compromiso constante con una tarea que muchas veces pasa desapercibida: vigilar las fuentes de agua que abastecen a Quito.
La ciudad sigue su ritmo habitual cuando el equipo regresa a Quito tras dos días de caminatas, frío y páramo. Su esfuerzo permite a la ciudadanía tener un flujo constante del líquido vital.





