Lavanderías comunitarias: un espacio en Quito que resiste el paso del tiempo
Quito (Quito Informa). – Muchas costumbres en Quito se han ido perdiendo con el correr de los años, pero hay otras que se resisten a morir a pesar de la tecnología y las comodidades. Ese es el caso de las lavanderías municipales.
En el Centro de Quito, ubicada en la calle Bolívar en el tradicional barrio de San Roque, se encuentra la lavandería municipal La Ermita. En funciones desde 1950, consta de 90 piedras de lavar y un promedio de 30 usuarios al día, representa un lugar de trabajo para decenas de mujeres que aún ejercen el oficio de lavanderas, un trabajo que ha ido en declive por la aparición de herramientas como las lavadoras.
Una de ellas es Mónica Madera. Su madre utilizaba la lavandería desde 1981 para poder sacar adelante a la familia. “Muchas veces entraba a las 6 de la mañana y no salía hasta las 6 de la tarde. Cuando vi que a mi mamá no le alcanzaba para darnos de comer empecé a aprender a lavar para ayudarla”, relata.
Desde hace 15 años, Mónica acude a La Ermita para atender los pedidos. Con este oficio paga el arriendo, los alimentos y los servicios. “No es un trabajo humilde, es un trabajo digno y como mujeres debemos ser valientes y guerreras”.
El pasado 8 de marzo, en conmemoración del Día de la Mujer, se entregaron reconocimientos a las usuarias que sostienen a sus familias de esta forma.
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Apoyo municipal
En 1951 existían 9 lavanderías municipales en la capital. Poco a poco fueron disminuyendo y estuvieron a punto de desaparecer. En el Centro Histórico encontramos a La Ermita y El Placer en funcionamiento. La primera utilizada más por lavanderas y la segunda por ciudadanos que no tienen acceso al agua, muchos de ellos de barrios cercanos.
La Administración Zonal Manuela Sáenz realiza el acompañamiento y cuidado permanente de estos espacios para garantizar su continuidad, asegurando servicios básicos como: agua, energía, limpieza y seguridad.
El cuidado de estos lugares no solo garantiza el trabajo de las mujeres, varias de ellas adultas mayores, también refuerza la unión y participación comunitaria. El Municipio de Quito resguarda, de esta forma, su historia, patrimonio y construye ciudadanía.
