Controles de opacidad ayudan a mejorar la calidad del aire en Quito

Personal operativo de la Agencia Metropolitana de Transito (AMT) con el apoyo técnico de la Secretaría de Ambiente, intensifican los controles de opacidad al transporte de pasajeros para verificar que sus unidades estén dentro de la normativa y con ello mantener la calidad del aire en Quito, en niveles deseables.

Las brigadas de agentes de la AMT revisan con opacímetros calibrados, el nivel de opacidad: humo expulsado por los motores diésel, a través de comprobaciones estabilizadas y durante la aceleración del autobús, bajo norma INEN. Mientras se realizan las pruebas, el dispositivo registra el nivel máximo de opacidad del humo expulsado durante la aceleración.

Cuando la sonda colocada en el tubo de escape de cada automotor registra exceso en los niveles de opacidad, su propietario recibirá una multa que equivale al 10% del Salario Básico Unificado SBU, además será citado para que, en un plazo máximo de 8 días, realice las correcciones a su vehículo y se presente en la Revisión Técnica Vehicular para comprobar el cumplimiento de las normas de emisiones de gases. Si el vehículo nuevamente es encontrado en vía y no ha realizado las correcciones necesarias, será retenido por 5 días y su propietario recibirá una multa de 200 dólares.

Estos controles de opacidad se realizan de manera aleatoria al transporte público de pasajeros, transporte comercial, institucional, escolar y de carga que transitan diariamente por las calles del DMQ.

El material particulado que se emiten a la atmósfera por la combustión del diésel, puede causar graves problemas de salud porque su constitución es tan imperceptible que pueden ingresar al sistema respiratorio fácilmente y provocan problemas pulmonares, sobre todo en mujeres embarazadas, personas con enfermedades respiratorias crónicas, personas de la tercera edad y niños.

Adicionalmente es importante recordar que estos contaminantes también se suman a otros responsables del calentamiento global, causantes de intensas olas de calor, cada vez más fuertes y mayor frecuencia, afectando también a la salud de las personas vulnerables, aumentan el deshielo de glaciares y provocan fuertes inundaciones, y sequías.

 

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