Vecinos de Nayón aprenden la importancia de los páramos para el agua en Quito
Quito (Quito Informa). – A las 08h00 am y con el fresco de la mañana, 28 vecinos de Nayón se reunieron en el parque central para emprender un viaje poco común: encontrar el agua, pero no en los grifos de su casa sino desde el origen en las alturas del páramo del Antisana.
El autobús avanzó a Píntag dejando la ciudad atrás. El paisaje urbano se transformó en montañas, pajonales y cielos amplios. En la primera parada, dos cóndores cruzaron el cielo andino con elegancia. Esta especie vuelve a su hábitat natural gracias a los esfuerzos de conservación del páramo.
El abrazo del páramo
Al ingreso del área de conservación hídrica, el grupo realizó un ritual simbólico: pedir permiso a la montaña. El cielo se despejó como aceptando la visita, revelando parte del volcán Antisana, majestuoso y rodeado de nieve. El páramo no solo se ve, también se siente. Con los ojos cerrados, los visitantes tomaron contacto con los sonidos de la naturaleza y el viento que golpea el rostro.
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El recorrido llegó a Casa Humboldt, un sitio emblemático donde hace más de dos siglos se instaló el científico Alexander Von Humboldt para estudiar la geografía y biodiversidad de la zona. Ahora permite explicar a otros el valor del páramo en la regulación del agua.
El páramo es principio y fin en el ciclo del agua. A manera de esponja natural capta el agua de lluvia, la filtra y la libera lentamente hacia ríos y embalses. Uno de ellos es la laguna La Mica, ubicada a cerca de 3.900 metros de altura, donde se almacenan millones de metros cúbicos de agua provenientes de los ríos Antisana, Jatunhuayco y Diguchi.
Después recorre más de 80 kilómetros a través del sistema Mica–Quito Sur, que transporta el agua hasta la planta de tratamiento El Troje, para abastecer al sur de la ciudad con una capacidad de hasta 1.650 litros por segundo.
Participación ciudadana en el cuidado de las fuentes hídricas
Durante la jornada, técnicos de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS) y el Fondo de Protección del Agua (FONAG) explicaron cómo se protege este ecosistema. Desde hace 26 años, son los guardianes de las cuencas hidrográficas que abastecen el agua para Quito. Al momento, más de 72 mil hectáreas se encuentran bajo cuidado y monitoreo constante.
“Aprendí la importancia del agua, cómo se transporta a la ciudad y cómo cuidarla. Detrás hay grandes luchadores trabajando”, expresó Cora Izurieta, vecina de Nayón. Con ella coincidió Emilia Cuello: “Me llevo una inmensa admiración por las personas que trabajan aquí, por el sacrificio que hacen al trabajar en esta zona para que llegue el agua a Quito”.
Al finalizar el recorrido Edmundo Sánchez, habitante de La Floresta, dijo que se va con una “inmensa preocupación” porque “despertar la conciencia debe ser un deber de todos para proteger las fuentes de agua y hacer un uso adecuado de la cantidad de agua que gastamos diariamente, ya que eso repercute en el futuro de la población”.
El objetivo principal del proyecto Nueva Cultura del Agua es formar ciudadanos conscientes, capaces de entender que el agua no es infinita y que su cuidado empieza en casa. El páramo enfrenta amenazas constantes: incendios, cambio climático, expansión agrícola. Por eso, la conservación no es solo tarea de las instituciones, sino de todos.
